
El desahogo de las tazas es el ritual dominguero de las mañanas, abiertas al dialogo insólito que recogen los últimos lectores de prensa. Otras veces aparece como el aperitivo de la noche, acompañado por los resto de la tarde, por los sollozos del alma. Esculpimos palabras, emulamos respuestas sobre los trozos de canela. Estimulamos nuestros últimos suspiros del día intentando descafeinar las angustias con otra taza de té. Un pedazo de cacao se cuela entre los vapores místicos y los relatos de fe. Con una cuchara bañada en azúcar descomponemos el mundo para nuevamente sumergirnos en el. Qué sería de todos esos analistas, terapeutas... consoladores sin otro domador de silencios, liberador de puertas para conversar las tristezas o dislumbrar pasiones.
A todos los que me iniciaron en este maravilloso vicio de Cafetear para conversar el alma, y a los que hoy me ayudan a disfrutarlo. MM
(9/03/07)
A todos los que me iniciaron en este maravilloso vicio de Cafetear para conversar el alma, y a los que hoy me ayudan a disfrutarlo. MM






